
Me levanto cada mañana intentando encontrar una explicación a esto que siento, momentos de mucho ánimo donde veo que puedo con el mundo a mis espaldas, y momentos de poco ánimo donde desgraciadamente se me viene el mundo encima. Nunca supe ni jamás podré explicar porque se me maldijo de esta forma cuando nací, muchos dicen que el hecho de amar es una bendición, pero no tiene porque ser siempre de esa manera, de hecho yo nunca pedí esto. Siempre he visto desde pequeño como mi sentimiento carmín se dejaba guiar y acababa aplastado, he aquí la pregunta de siempre, ¿Qué sentido tiene amar cuando no se es amado?, nunca obtendré respuesta ni aunque busque en los rincones más profundos del cielo ni baje a lo más oscuro del Tártaro; el amor puede ser muy bello, no hay duda, pero cuando se ama de esa forma te quema por dentro, te hace sufrir, el pensamiento presente en la persona amada, soñando con tener en tus brazos algo que será imposible, cosas que yo concibo como castigo divino que se me ha impuesto y intento encontrar respuesta, sintiéndome a veces como un juguete del destino que es manipulado desde el cielo. Siempre ocurrió de una forma imprevista, mediante una persona elegida se forma involuntaria, que siempre fue dictada y ordenada, pero de personas equivocadas; yo no quiero alejarme de ella, porque es importante para mí, mantener oculto este sentimiento es la única forma de que sigamos igual y consumirme en mi propio dolor y soportar todas las penas del mundo para así fortalecerme.
Cuando la veo o la imagino en mi mente mi corazón palpita de forma que es imposible controlarlo; nunca sabré que piensas de mí realmente porque no estoy en tu mente y es algo imposible de saber pero sea para bien o para mal, mi corazón lo único que pide es que no lo olvides. Su alegría hace que me imagine y crea que el firmamento siempre está soleado y su sonrisa haría desaparecer la semilla de odio que germina en cada uno de los seres humanos de este planeta; no pido su amor, porque sé que jamás lo tendré, simplemente que encuentre a alguien que la quiera de verdad, que la valore de la forma en que lo haría yo y que esté con ella eternamente y encuentre la felicidad.